Rotura de Menisco
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1. ¿Qué son los meniscos?
Los meniscos son dos estructuras de cartílago con forma de media luna que se encuentran dentro de la rodilla, entre el fémur y la tibia. Actúan como amortiguadores naturales, repartiendo el peso corporal y protegiendo el cartílago articular durante el movimiento.
Además de amortiguar los impactos, ayudan a estabilizar la rodilla y a lubricarla, permitiendo un movimiento más suave. Cada rodilla tiene dos meniscos, y cada uno se divide en tres partes: los cuernos (anterior y posterior) y el cuerpo central.
Los meniscos están unidos a la tibia por sus extremos y a la cápsula de la rodilla por su borde externo. En cada rodilla hay un menisco interno, con forma de C, y un menisco externo, más cerrado, con forma de O. Solo la zona más externa recibe buen riego sanguíneo, lo que influye en su capacidad de curación. Por eso son fundamentales para mantener sana la rodilla y prevenir la artrosis.
Cuerno anterior en rojo, cuerpo medial en azul y cuerpo posterior en verde
2. ¿Es frecuente la rotura de menisco?
Sí, la rotura de menisco es una de las lesiones más frecuentes de la rodilla. Alrededor de un tercio de los casos ocurre en personas jóvenes que practican deporte. Otro tercio afecta a adultos de entre 18 y 60 años sin relación con la actividad deportiva, y en el resto no se identifica una causa clara.
Un estudio realizado en 392 pacientes de entre 18 y 60 años mostró que el menisco interno se rompe con más frecuencia que el externo, tanto en lesiones deportivas como en las que no lo son.
Vascularización del menisco
Esto se debe a que el menisco interno soporta más carga durante el movimiento de la rodilla. Las roturas pueden tener distintas formas —horizontales, verticales, completas o parciales— y algunas presentan patrones característicos, como las conocidas “en asa de cubo” o “en pico de loro”.
3. ¿Cómo se diagnostica una rotura de menisco o lesión meniscal?
El diagnóstico se basa principalmente en la exploración física realizada por un traumatólogo especializado, apoyada por una resonancia magnética (RMN) cuando es necesario.
El proceso comienza con una historia clínica detallada, en la que se valoran síntomas como el dolor, la hinchazón de la rodilla, la sensación de bloqueo articular o las molestias al girar con el pie apoyado en el suelo.
Numerosos estudios confirman que la exploración clínica realizada por un especialista es incluso más fiable que la RMN para diagnosticar las lesiones de menisco.
Por eso, aunque las pruebas de imagen son útiles, nunca deben sustituir a la valoración clínica a la hora de decidir el tratamiento más adecuado.
4. ¿Hay que conservar o reparar los meniscos?
Durante mucho tiempo se pensó que el menisco no tenía una función importante y se extirpaba por completo ante cualquier lesión. Hoy sabemos que es una estructura clave para proteger el cartílago y mantener la rodilla sana. Quitarlo por completo aumenta el riesgo de desarrollar artrosis, sobre todo en personas jóvenes, por lo que siempre que sea posible se debe evitar. Cuando es necesario extirpar parte del menisco, se procura eliminar la menor cantidad posible de tejido. Y siempre que la lesión lo permita, especialmente en pacientes jóvenes, se prioriza repararlo mediante sutura en lugar de extirparlo.
Sutura meniscal. Fuente: Arthrex