La cirugía se indica cuando el fragmento no es estable o no tiene potencial de curación espontánea. En la forma juvenil, si el fragmento muestra signos de inestabilidad o existe sospecha de desprendimiento, se opta por la fijación quirúrgica mediante tornillos u otras técnicas. En el adulto, donde el potencial de curación espontánea es menor, si el fragmento es viable se intenta recolocarlo y fijarlo; cuando ya no es recuperable, se repara el defecto osteocondral mediante mosaicoplastia, aloinjerto osteocondral o implante en andamio tridimensional de células mesenquimales, en función del tamaño y la profundidad de la lesión.