Desgarros isquiotibiales cadera
Menú principal
Introducción
Los desgarros isquiotibiales que ocurren en su origen, junto al hueso isquion, son una lesión distinta —y con frecuencia más grave— que las clásicas roturas de fibras en el muslo. Son típicas de deportes que exigen sprints o gestos de flexión brusca de cadera con la rodilla extendida, y pueden pasar desapercibidas si no se sospechan específicamente.
1. ¿Qué son los isquiotibiales y dónde se originan?
Los isquiotibiales son un grupo de tres músculos situados en la parte posterior del muslo —el semitendinoso, el semimembranoso y el bíceps femoral— responsables de flexionar la rodilla y extender la cadera. Sus fibras nacen de un tendón conjunto que se inserta en el isquion, el hueso que forma la parte inferior de la pelvis y sobre el que nos apoyamos al sentarnos.
Esta inserción común, conocida como origen proximal de los isquiotibiales, es una zona sometida a un enorme estrés mecánico durante gestos deportivos explosivos, lo que la convierte en un punto especialmente vulnerable a las lesiones.
2. ¿Qué son exactamente los desgarros isquiotibiales proximales?
Son lesiones que afectan al tendón conjunto de los isquiotibiales en su origen en el isquion, con un espectro que va desde una tendinopatía o un desgarro parcial, hasta la avulsión completa, en la que el tendón se separa por entero del hueso, en ocasiones arrastrando un pequeño fragmento óseo.
Cuanto mayor es el número de tendones afectados y mayor la distancia de retracción del tendón roto respecto al isquion, más grave se considera la lesión y mayor es la probabilidad de que requiera cirugía.
3. ¿Cuáles son las causas más frecuentes de esta lesión?
El mecanismo típico es una contracción excéntrica brusca de los isquiotibiales con la cadera en flexión y la rodilla en extensión, como ocurre al esprintar, al dar una patada, en el hockey sobre hierba, la danza, las artes marciales o el esquí acuático.
También puede producirse por una caída con la cadera flexionada y la rodilla estirada (por ejemplo, al resbalar sentándose de forma brusca), un mecanismo especialmente relacionado con las avulsiones completas en personas de mediana edad.
4. ¿Cuáles son los síntomas más habituales?
El cuadro típico es un dolor súbito e intenso en la nalga, a veces descrito como un «latigazo» o un «chasquido», que aparece durante el gesto deportivo y obliga a detener la actividad de inmediato. En las horas siguientes es frecuente la aparición de un hematoma que puede extenderse por la parte posterior del muslo.
Después de la fase aguda, es habitual el dolor al sentarse en superficies duras, la debilidad para flexionar la rodilla contra resistencia y las molestias al intentar esprintar o subir escaleras rápidamente.
5. ¿Cómo se diagnostica un desgarro isquiotibial proximal?
La exploración física revela dolor selectivo a la palpación del isquion y, a menudo, debilidad o dolor al flexionar la rodilla contra resistencia con la cadera flexionada. En avulsiones completas puede palparse incluso un hueco en la zona del tendón retraído.
La resonancia magnética es la prueba clave: permite determinar cuántos de los tres tendones están afectados, el grado de retracción y si existe fragmento óseo asociado, datos imprescindibles para decidir si el tratamiento debe ser conservador o quirúrgico.
6. ¿Qué clasificación se utiliza para estas lesiones?
Las lesiones agudas se clasifican principalmente según el número de tendones afectados (uno, dos o los tres) y la distancia de retracción medida en la resonancia: por debajo de 2 cm se consideran de bajo riesgo y suelen tratarse de forma conservadora, mientras que retracciones mayores, especialmente si afectan a los tres tendones, se asocian a peor pronóstico sin cirugía.
Para las lesiones crónicas de esfuerzo, sin avulsión franca, se emplea la clasificación de Puranen-Orava, que gradúa la limitación deportiva que provoca el dolor tendinoso persistente en el origen isquiático.
Fuente: Arthrex
7. ¿Qué tratamiento conservador existe para estas lesiones?
Las lesiones parciales con mínima o ninguna retracción, así como las tendinopatías crónicas, responden bien a un programa de rehabilitación progresivo, basado en ejercicio excéntrico controlado, que va aumentando la carga sobre el tendón de forma gradual a lo largo de varias semanas.
El tratamiento conservador puede completarse con antiinflamatorios en la fase aguda y, en casos seleccionados de tendinopatía crónica, con infiltraciones de plasma rico en plaquetas para favorecer la cicatrización del tendón.