Ligamento cruzado anterior en mujer
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Introducción
La rodilla está formada por un conjunto de tejidos —hueso, cartílago, meniscos y ligamentos— que trabajan de forma interrelacionada. El objetivo principal de cualquier tratamiento es preservar el cartílago articular, tejido que permite el deslizamiento sin fricción de los huesos y que, cuando se lesiona, es incapaz de regenerarse solo. Por eso actuamos siempre antes de que el cartílago resulte afectado, reparando cuanto antes los ligamentos y meniscos dañados.
1. ¿Por qué las mujeres se rompen el LCA con más frecuencia que los hombres?
La disparidad de género en la incidencia de roturas del LCA es uno de los temas más estudiados en medicina deportiva. Los estudios demuestran que en el fútbol, el baloncesto y el voleibol, las atletas femeninas tienen un riesgo de lesión del LCA 2-3 veces mayor que sus compañeros masculinos. En los partidos (frente a los entrenamientos), este riesgo aumenta aún más. Además, las mujeres tienden a sufrir esta lesión a una edad más joven que los hombres.
2. ¿Cómo se produce la lesión de LCA en las mujeres?
En el 72 % de los casos, la rotura del LCA en mujeres ocurre sin contacto con otra jugadora: se produce durante gestos de la propia deportista, como un aterrizaje, un cambio de dirección brusco o una frenada. Esto sugiere que las mujeres presentan patrones de movimiento que sobrecargan el LCA en mayor medida que los hombres.
3. ¿Qué factores anatómicos aumentan el riesgo en la mujer?
- Menor anchura de la escotadura femoral donde se aloja el LCA, lo que reduce el espacio disponible para el ligamento.
- El ángulo Q —la alineación del cuádriceps respecto a la rodilla— es consistentemente mayor en mujeres, lo que aumenta el estrés sobre los ligamentos.
- Mayor capacidad de rotación interna de la cadera, que eleva el estrés mecánico sobre el LCA.
- Mayor amplitud en la rotación de la rodilla (hasta un 40 % superior en mujeres), lo que incrementa el riesgo de rotura ligamentosa.
4. ¿Influye el control muscular en el riesgo de rotura del LCA?
Sí. Existe un retraso en la contracción de los músculos isquiotibiales de la mujer que se hace especialmente evidente durante las frenadas bruscas. Este déficit de coordinación neuromuscular reduce la protección dinámica del LCA y contribuye a la mayor incidencia de lesiones. El entrenamiento neuromuscular específico puede corregir parcialmente este patrón y reducir el riesgo de rotura.
5. ¿Influyen las hormonas en la estabilidad del LCA?
Sí. Las hormonas sexuales femeninas —estrógenos, progesterona y relaxina— fluctúan a lo largo del ciclo menstrual y pueden aumentar la laxitud de los ligamentos, reduciendo la estabilidad pasiva de la rodilla. Algunos estudios sugieren que las fases del ciclo con mayor nivel de estrógenos se asocian a un mayor riesgo de rotura del LCA.
6. ¿Existe tratamiento conservador para la rotura del LCA en la mujer?
En pacientes con bajo nivel de actividad física y sin inestabilidad funcional relevante puede valorarse un tratamiento conservador basado en fisioterapia y entrenamiento neuromuscular. Sin embargo, dado el mayor riesgo de nuevas lesiones (meniscales y condrales) que conlleva la inestabilidad mantenida, en mujeres jóvenes, deportistas o con inestabilidad clínica, la reconstrucción quirúrgica suele ser la opción recomendada.