Unidad del dolor del aparato musculoesquelético
El dolor musculoesquelético crónico —de espalda, articulaciones, tendones o nervios— es una de las principales causas de consulta y de discapacidad en la población adulta. Nuestra unidad del dolor aborda estos procesos desde un enfoque multidisciplinar, combinando la medicina del dolor, las infiltraciones regenerativas selectivas y la rehabilitación neurofuncional para ofrecer a cada paciente el tratamiento más adecuado según su diagnóstico, su evolución y la evidencia científica disponible.
Medicina del dolor
¿En qué consiste la técnica?
La medicina del dolor es la especialidad encargada de evaluar y tratar el dolor agudo y crónico de origen musculoesquelético mediante un enfoque que combina fármacos, procedimientos intervencionistas (bloqueos, radiofrecuencia, infiltraciones) y apoyo psicológico, siguiendo el llamado modelo biopsicosocial del dolor.
El proceso comienza con una valoración exhaustiva del dolor —su intensidad, localización, impacto funcional y factores emocionales asociados— para diseñar un plan de tratamiento escalonado e individualizado. Este plan puede combinar medicación, procedimientos guiados por imagen y programas de fisioterapia o apoyo psicológico, y se revisa periódicamente según la respuesta del paciente.
¿Para qué se utiliza?
Está indicada en el dolor lumbar crónico, la artrosis sintomática, la fibromialgia, el síndrome de dolor regional complejo, el dolor crónico postquirúrgico, el dolor neuropático y el dolor musculoesquelético asociado a procesos oncológicos. Numerosas guías clínicas internacionales —entre ellas las recomendaciones de la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP)— coinciden en que los programas multidisciplinares obtienen mejores resultados a medio y largo plazo que los tratamientos aislados, especialmente cuando se integran de forma temprana la actividad física supervisada y el abordaje psicológico del dolor persistente.
Infiltraciones regenerativas selectivas
¿En qué consiste la técnica?
Las infiltraciones regenerativas, entre las que destaca el plasma rico en plaquetas (PRP), consisten en concentrar factores de crecimiento del propio paciente y aplicarlos de forma guiada por ecografía sobre el tejido lesionado, con el objetivo de estimular sus mecanismos naturales de reparación, más allá del simple efecto antiinflamatorio de una infiltración convencional.
El procedimiento parte de una extracción de sangre del propio paciente, que se procesa para obtener un concentrado plaquetario, inyectado después con guía ecográfica en el tendón, la articulación o el músculo afectado. Al tratarse de un producto autólogo, el riesgo de rechazo o alergia es mínimo. Suele notarse mejoría a partir de los 7-10 días, una vez que los factores de crecimiento comienzan a actuar.
¿Para qué se utiliza?
Se emplea principalmente en tendinopatías crónicas (epicóndilo, rótula, Aquiles, manguito rotador), artrosis leve-moderada de rodilla, fascitis plantar y lesiones musculares persistentes. La evidencia científica es sólida en epicondilitis lateral y prometedora en artrosis de rodilla, donde varios ensayos clínicos muestran una mejoría clínica significativa —aunque parcial y temporal— frente al ácido hialurónico. En otras localizaciones, como cadera o tobillo, o en artrosis avanzada, los resultados son más heterogéneos y la evidencia todavía limitada. Es importante trasladar al paciente una expectativa realista: la literatura actual no confirma de forma concluyente una verdadera regeneración del cartílago articular, por lo que el objetivo terapéutico es fundamentalmente sintomático y funcional. Está contraindicada en infección activa, trastornos graves de la coagulación, tratamiento anticoagulante y neoplasia activa.
Rehabilitación neurofuncional
¿En qué consiste la técnica?
La rehabilitación neurofuncional se centra en recuperar la función motora y sensitiva de pacientes con daño del sistema nervioso central o periférico, aplicando los principios de la neuroplasticidad: la capacidad del sistema nervioso para reorganizarse y adaptarse tras una lesión.
Se basa en programas de tratamiento intensivos, precoces y orientados a tareas concretas, con la participación activa del paciente y un equipo multidisciplinar (fisioterapia, terapia ocupacional, neuropsicología). El plan se adapta de forma continua según la evolución funcional, priorizando el movimiento residual disponible y la prevención de complicaciones como la espasticidad o el acortamiento muscular.
¿Para qué se utiliza?
Está indicada tras un ictus, una lesión medular, un traumatismo craneoencefálico, en la esclerosis múltiple, la enfermedad de Parkinson o las lesiones de nervios periféricos (como la parálisis facial). La evidencia científica es especialmente robusta en la rehabilitación post-ictus: los estudios muestran que la neurorrehabilitación representa la principal vía de mejora funcional en los pacientes con secuelas —aplicable aproximadamente al 40% de los ictus— y que sus resultados son mejores cuando el tratamiento se inicia de forma precoz y se mantiene, en los casos más graves, durante al menos seis meses. La intensidad diaria del tratamiento varía notablemente entre sistemas sanitarios, y las revisiones sistemáticas apuntan a que una mayor intensidad terapéutica se asocia a mejores resultados funcionales, aunque la dosis óptima sigue siendo objeto de investigación.