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Técnicas intervencionistas guiadas por ultrasonidos

La ecografía intervencionista se ha convertido en una de las herramientas más precisas de la medicina musculoesquelética actual. Gracias a la visualización en tiempo real de nervios, tendones, músculos y articulaciones, el especialista puede guiar una aguja con precisión milimétrica, reduciendo riesgos y aumentando la eficacia de procedimientos mínimamente invasivos. En nuestra unidad aplicamos estas técnicas de forma individualizada, siempre respaldadas por la evidencia científica disponible y adaptadas a cada caso clínico. A continuación, explicamos en qué consisten sus cuatro grandes aplicaciones: la neuromodulación, la radiofrecuencia, la hidrosección y los bloqueos nerviosos diagnósticos selectivos.

Neuromodulación ecoguiada

¿En qué consiste la técnica?

La neuromodulación percutánea ecoguiada consiste en estimular eléctricamente un nervio periférico —o un punto motor muscular— mediante una fina aguja colocada junto a la estructura diana bajo control ecográfico continuo. A diferencia de los sistemas implantables tipo marcapasos, se trata de un procedimiento reversible, ambulatorio y personalizable, cuyo objetivo es modular la transmisión del dolor y mejorar el control neuromuscular.

El procedimiento se realiza en consulta, sin necesidad de quirófano ni anestesia general. El ecógrafo permite localizar el nervio o el punto motor exacto y aplicar una corriente eléctrica controlada durante varios minutos. Las sesiones suelen repetirse de forma programada, integrándose dentro de un plan terapéutico más amplio que incluye ejercicio y reeducación funcional.

¿Para qué se utiliza?

Está indicada principalmente en dolor neuropático crónico que no responde de forma satisfactoria al tratamiento convencional, en síndromes compresivos de nervios periféricos (por ejemplo, en pie y tobillo) y como apoyo en la recuperación de la función muscular tras lesiones del hombro con debilidad asociada. La literatura científica —incluida una revisión sistemática de más de 200 estudios— describe evidencia de nivel I para la migraña crónica y de nivel II para la cefalea en racimos, el dolor postamputación, el dolor pélvico crónico y el dolor lumbar o de extremidades inferiores de larga evolución. En cambio, la evidencia para el dolor postoperatorio agudo es todavía limitada (nivel IV), por lo que su indicación en ese contexto debe valorarse caso por caso.

Terapia de radiofrecuencia ecoguiada

¿En qué consiste la técnica?

La radiofrecuencia utiliza ondas electromagnéticas de alta frecuencia para generar un efecto térmico controlado sobre ramas nerviosas sensitivas o tejidos concretos, con el objetivo de interrumpir o modular la transmisión del dolor. Guiada por ecografía, permite alcanzar la diana con gran exactitud sin necesidad de radiación ionizante.

Existen modalidades continuas, que producen una lesión térmica más definitiva, y modalidades pulsadas, de efecto neuromodulador y menor agresividad tisular. La elección depende de la estructura y del objetivo clínico. El procedimiento es ambulatorio, dura entre 15 y 30 minutos y se realiza con anestesia local.

¿Para qué se utiliza?

Sus indicaciones más consolidadas incluyen la artrosis de rodilla (radiofrecuencia de los nervios geniculares), el dolor facetario cervical y lumbar, el neuroma de Morton, la fascitis plantar crónica resistente y determinadas tendinopatías refractarias al tratamiento conservador. Los estudios disponibles muestran que la radiofrecuencia geniculada reduce de forma significativa el dolor asociado a la gonartrosis hasta los seis meses, momento a partir del cual el efecto tiende a disminuir progresivamente. Distintos trabajos han comparado la guía ecográfica con la fluoroscopia sin encontrar diferencias relevantes en la localización de la diana, lo que respalda el uso de la ecografía como alternativa segura y sin radiación. En dolor lumbar crónico, las revisiones sistemáticas describen una certeza de la evidencia baja-moderada, con mejores resultados cuando se combina con ejercicio terapéutico.

Hidrosección guiada por ultrasonidos

¿En qué consiste la técnica?

La hidrosección (o hidrodisección) consiste en inyectar un fluido —suero fisiológico, en ocasiones combinado con anestésico, corticoide o sustancias regenerativas— alrededor de un nervio o tendón atrapado, con el fin de separar mecánicamente los planos de tejido que lo comprimen y liberar así su movilidad.

Bajo visión ecográfica continua se localiza el punto exacto de atrapamiento y se introduce una aguja fina hasta el espacio perineural o peritendinoso. El fluido crea un auténtico «colchón» que descomprime la estructura afectada. Es habitual confirmar previamente el origen del dolor mediante un bloqueo nervioso diagnóstico antes de proceder a la hidrosección.

¿Para qué se utiliza?

Se emplea en el síndrome del túnel carpiano, el síndrome del túnel cubital, atrapamientos del nervio peroneo superficial y profundo, el síndrome del túnel del tarso y en adherencias peritendinosas tras cirugía o traumatismo, como alternativa previa a la tenólisis quirúrgica. La evidencia procede sobre todo de series de casos publicadas en revistas de rehabilitación y medicina física, que documentan mejorías clínicas relevantes y mantenidas —por ejemplo, reducciones del dolor de 7 a 1 sobre 10 en la escala visual analógica, sostenidas a los seis meses— evitando en muchos casos la cirugía. Se trata de una técnica en expansión, con resultados prometedores pero que, salvo en el túnel carpiano, todavía requiere ensayos clínicos controlados de mayor tamaño para consolidar su nivel de evidencia.

Bloqueos nerviosos diagnósticos selectivos

¿En qué consiste la técnica?

Un bloqueo nervioso diagnóstico consiste en depositar de forma selectiva un anestésico local junto a un nervio o una estructura articular concreta, bajo guía ecográfica, con el objetivo de confirmar si esa estructura es realmente el origen del dolor antes de decidir un tratamiento definitivo.

Es un procedimiento breve, que se evalúa de forma inmediata según la respuesta analgésica del paciente tras la inyección. Habitualmente se exige una reducción reproducible del dolor —por ejemplo, superior al 50%— para considerar el bloqueo positivo y avalar así el diagnóstico antes de plantear radiofrecuencia, hidrosección o cirugía.

¿Para qué se utiliza?

Están indicados en el estudio de la meralgia parestésica, el dolor facetario cervical o lumbar, el dolor articular referido (por ejemplo, antes de radiofrecuencia geniculada en gonartrosis) y en general ante la sospecha de atrapamiento de un nervio periférico. La ecografía ha demostrado mejorar de forma sustancial la tasa de éxito frente a los abordajes «a ciegas», al permitir visualizar en tiempo real la aguja y la difusión del anestésico. La literatura reconoce cierta controversia sobre la fiabilidad de los bloqueos diagnósticos —por la posibilidad de falsos positivos o negativos ligados a la inervación multisegmentaria y al efecto placebo—, pero continúan siendo, a día de hoy, la mejor herramienta clínica disponible para orientar el origen del dolor antes de indicar tratamientos más definitivos.

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