Medicina regenerativa y ortobiológicos
La medicina regenerativa aplicada al aparato locomotor busca algo distinto de los tratamientos clásicos: en lugar de limitarse a aliviar el síntoma, pretende estimular los mecanismos biológicos de reparación del propio organismo mediante productos obtenidos del propio paciente —los llamados ortobiológicos—. Es un campo en expansión y también uno de los más rodeados de expectativas desproporcionadas. Por eso, en cada uno de sus tres grandes exponentes —proteínas plasmáticas, células mesenquimales y Ortokine— explicamos no solo en qué consisten, sino también qué respalda realmente la literatura científica y dónde queda todavía trabajo por hacer.
Proteínas plasmáticas
¿En qué consiste la técnica?
Las proteínas plasmáticas utilizadas con fines terapéuticos —entre las que se incluyen el plasma rico en plaquetas (PRP) y el plasma rico en factores de crecimiento (PRGF)— son concentrados autólogos obtenidos de la propia sangre del paciente, ricos en factores de crecimiento (PDGF, TGF-β, VEGF, FGF, EGF, IGF-1) capaces de modular la inflamación y estimular la reparación tisular.
El procedimiento parte de una extracción de sangre venosa, que se centrifuga para concentrar las plaquetas y sus factores de crecimiento. El concentrado resultante se inyecta después bajo guía ecográfica sobre el tejido diana: tendón, articulación o músculo. Existen distintos sistemas de preparación (PRP, PRGF-Endoret, entre otros), con diferencias relevantes en la concentración plaquetaria y leucocitaria final.
¿Para qué se utiliza?
Su indicación mejor respaldada por la evidencia es la epicondilitis lateral, donde diversas revisiones sistemáticas y metaanálisis la sitúan como la herramienta conservadora más eficaz disponible. En la artrosis de rodilla leve a moderada, distintos metaanálisis describen mejorías del dolor y la función mantenidas hasta 12 meses, en algunos estudios superiores al ácido hialurónico; de hecho, el consenso europeo del grupo ORBIT alcanzó un acuerdo fuerte al considerar el PRP una opción válida dentro del manejo no quirúrgico de la artrosis leve-moderada. También se emplea en tendinopatía rotuliana y glútea, fascitis plantar y lesiones musculares. Conviene, no obstante, matizar las expectativas: la heterogeneidad entre los distintos preparados comerciales dificulta comparar resultados entre estudios, y la literatura actual no confirma de forma concluyente una auténtica regeneración del cartílago articular, por lo que su objetivo terapéutico sigue siendo fundamentalmente sintomático y funcional. Está contraindicado en infección activa, coagulopatías graves, tratamiento anticoagulante y neoplasia activa.
Células mesenquimales
¿En qué consiste la técnica?
Las células madre mesenquimales (MSC) son células con capacidad de diferenciación hacia distintos linajes —cartilaginoso, óseo, adiposo— y con un marcado efecto antiinflamatorio e inmunomodulador. Pueden obtenerse de la médula ósea, del tejido adiposo o, en preparados expandidos en laboratorio, a partir de estas u otras fuentes.
El procedimiento requiere primero la obtención de la muestra —aspirado de médula ósea o lipoaspirado— y su procesamiento, que puede ser mínimo (concentrado en el mismo acto quirúrgico) o mediante expansión celular en laboratorio, esta última sujeta en la Unión Europea a la regulación de los medicamentos de terapia avanzada. La inyección final se realiza bajo control ecográfico en la articulación o el tejido afectado.
¿Para qué se utiliza?
Se plantea principalmente en la artrosis de rodilla moderada a severa que no ha respondido al tratamiento convencional, y de forma más limitada en patología condral y meniscal degenerativa. Un ensayo clínico fase I-II español (Clínica Universidad de Navarra y Complejo Universitario de Salamanca) mostró que la dosis más alta de células mesenquimales de médula ósea, combinada con ácido hialurónico, mejoraba el dolor y la limitación funcional a los 12 meses, sin eventos adversos relevantes. Una revisión sistemática de implantes de células mesenquimales expandidas (9 estudios, 169 pacientes) encontró mejoría clínica en el 60% de los casos y mejoría estructural en el 50% a los dos años, con el mayor beneficio en dosis superiores a 40 millones de células. Ahora bien, la propia revisión calificó la calidad global de la evidencia como baja, debido al tamaño muestral reducido de los estudios y a la ausencia de grupo control en la mayoría de ellos: se trata, por tanto, de una terapia segura y prometedora, pero que —a diferencia de lo que en ocasiones se transmite comercialmente— todavía no cuenta con el respaldo de ensayos aleatorizados de gran tamaño que confirmen de forma definitiva su eficacia frente a otras alternativas.
Ortokine
¿En qué consiste la técnica?
Ortokine (suero autólogo condicionado) es una evolución del PRP: la sangre del paciente se incuba varias horas junto a unas perlas de cristal especiales que estimulan la producción de la proteína antiinflamatoria IL-1Ra (antagonista del receptor de la interleucina 1), además de los factores de crecimiento habituales. Esta combinación le confiere un perfil más marcadamente antiinflamatorio que el PRP convencional.
Se realiza una única extracción de sangre, de la que se obtienen varias dosis que se incuban entre 6 y 8 horas a 37 ºC, se centrifugan y se conservan congeladas hasta su aplicación. El tratamiento completo suele constar de entre 4 y 6 infiltraciones, espaciadas una o dos semanas entre sí.
¿Para qué se utiliza?
Está especialmente indicado en artrosis avanzada y dolorosa con componente inflamatorio —rodilla, cadera, hombro, rizartrosis de mano—, en dolor crónico cervical o lumbar de origen degenerativo y en tendinopatías y bursitis resistentes a otros tratamientos. Un estudio comparativo retrospectivo a cinco años encontró que tanto Ortokine como el PRP eran eficaces durante los dos primeros años, reduciendo después su efecto, y que Ortokine obtenía mejores puntuaciones de dolor (EVA) y función (KOOS), así como mayor satisfacción del paciente, que el PRP clásico. Es importante señalar, con honestidad científica, que se trata de un estudio retrospectivo aislado y no de un ensayo clínico aleatorizado multicéntrico de gran tamaño, por lo que, si bien los resultados son alentadores, la evidencia independiente sobre Ortokine es todavía más limitada que la disponible para el PRP convencional, y su indicación debe basarse en una valoración individualizada realista de expectativas.