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Ligamento lateral interno

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Introducción

El ligamento lateral interno (LLI), también denominado ligamento colateral medial (LCM), es una banda resistente que recorre la cara interna de la rodilla, desde el fémur hasta la tibia, y actúa como la primera línea de defensa de los componentes intraarticulares de la rodilla frente a las torceduras en valgo —es decir, cuando la rodilla se fuerza hacia afuera. Además, está íntimamente ligado al menisco interno, por lo que las lesiones del ligamento lateral interno frecuentemente se acompañan de daño meniscal.

1. ¿Qué es el ligamento lateral interno y cuál es su estructura?

El ligamento lateral interno (LLI) o ligamento colateral medial (LCM) es una banda de tejido fibroso resistente situada en la cara interna de la rodilla, que une el fémur con la tibia. Está formado por dos capas: una capa superficial, que es la estructura principal y más resistente, y una capa profunda, más corta y adherida a la cápsula articular y al menisco interno. Ambas capas trabajan de forma conjunta para dar estabilidad al lado interno de la rodilla.

2. ¿Cuál es la función del ligamento lateral interno?

Su función principal es evitar que la rodilla se abra hacia dentro, es decir, resistir las fuerzas en valgo (las que empujan la rodilla hacia el lado contrario al otro pie). Además, contribuye a la estabilidad rotatoria de la rodilla y actúa como freno secundario frente a la traslación anterior de la tibia, colaborando con el ligamento cruzado anterior en determinadas situaciones de carga.

3. ¿Cómo se diagnostica una lesión aislada del ligamento lateral interno?

El diagnóstico del ligamento lateral interno se basa en la exploración física, donde el médico aplica una fuerza en valgo sobre la rodilla en diferentes grados de flexión (0° y 30°) para valorar si hay apertura del compartimento interno y cuánta laxitud existe. Se clasifica en tres grados según la gravedad. La resonancia magnética confirma el diagnóstico, determina qué capas están afectadas y descarta lesiones asociadas en menisco o ligamentos cruzados.

Visión General de los Desgarros del Ligamento Colateral Lateral y Medial

Fuente: Arthrex

4. ¿Actúan juntos el ligamento lateral interno y el LCA?

Sí. Cuando se produce una torcedura en valgo con la rodilla en extensión, el LCA se suma de forma muy significativa a la función estabilizadora del ligamento lateral interno. Por eso, cuando el traumatismo en valgo con la rodilla en extensión es de gran intensidad, pueden lesionarse ambas estructuras simultáneamente.

5. ¿Cómo se diferencia una lesión aislada del ligamento lateral interno de una lesión que afecta también al pivote central?

Cuando la lesión del ligamento lateral interno se acompaña de rotura del LCA o del LCP (pivote central), la rodilla presenta una tumefacción generalizada por hemartrosis, es de cir, un aumento difuso del volumen de la rodilla debido a la acumulación de sangre dentro de la articulación. La maniobra en valgo produce una apertura articular mayor —en torno a 10 mm— lo que indica lesión del ligamento lateral interno junto a una lesión del pivote central. Estudios clásicos demuestran que las inestabilidades en valgo de grado III están asociadas en el 81% de los casos a una lesión del pivote central.

6. ¿Qué es el punto de ángulo posteromedial?

El ángulo posteromedial es la esquina posterior e interna de la rodilla, formada por el segmento posterior del menisco interno, el ligamento poplíteo oblicuo y el tendón semimembranoso, reforzados por una condensación capsular. Esta zona se afecta con frecuencia en las lesiones de la pared interna de la rodilla, por lo que siempre debe evaluarse en el diagnóstico.

7. ¿Qué pruebas de imagen se utilizan en el diagnóstico?

Realizamos sistemáticamente radiografías en carga y en estrés mecánico para evaluar la apertura articular, así como resonancia magnética para valorar la extensión de la lesión y detectar posibles daños en el menisco interno, el LCA u otras estructuras.

8. ¿En qué consiste el tratamiento de las lesiones del ligamento lateral interno?

El ligamento lateral interno es el ligamento de la rodilla que mejor cicatriza por sí solo. En la gran mayoría de los casos, no requiere cirugía. El tratamiento depende del grado de lesión.

Grados de la lesión

  • Leve (grado I). Fibras estiradas. 1-3 semanas de recuperación.
  • Parcial (grado II). Rotura parcial. 4-8 semanas de recuperación.
  • Completo (grado III). Rotura total. 3-6 meses de recuperación.

Tratamiento conservador (grados I, II y la mayoría de los III)

  • PRICE (48-72h): protección, reposo relativo, hielo, compresión y elevación.
  • Antinflamatorios (AINEs): de 5 a 7 días en la fase aguda para controlar dolor e inflamación.
  • Rodillera articulada: en grados II-III: protege sin impedir el movimiento que activa la curación.
  • Fisioterapia: pilar del tratamiento > Potenciación muscular, propiocepción y retorno progresivo al deporte.

9. ¿Cuáles son los resultados del tratamiento del ligamento lateral interno?

Lesiones de Grado I y Grado II

El tratamiento es ortopédico: se mantiene una férula articulada durante 6 semanas, permitiendo la flexión a partir de la segunda semana. Los resultados son excelentes.

Las lesiones de Grado III
 Con inestabilidad en valgo superior a 10 mm, siempre obligan a descartar una lesión del pivote central. En estos casos, la reparación quirúrgica del pivote central (LCA o LCP), asociada a la inmovilización, proporciona con frecuencia un resultado excelente.

10. ¿Qué factores influyen en la recuperación?

No todas las lesiones del ligamento lateral interno del mismo grado evolucionan igual. Estos factores modulan el tiempo y la calidad de la recuperación:

  • Localización de la rotura: Las roturas en la inserción femoral (parte superior) cicatrizan peor que las del cuerpo del ligamento.
  • Lesiones asociadas: Una rotura de menisco o del cruzado en la misma rodilla complica y alarga significativamente el proceso.
  • Tiempo hasta el inicio del tratamiento: Comenzar rehabilitación en las primeras 48–72 horas mejora el pronóstico de forma notable.
  • Adherencia a la fisioterapia: La calidad y constancia del trabajo rehabilitador es el predictor más potente del resultado final.
  • Edad y nivel deportivo: Los deportistas jóvenes y de alto nivel tienen mayor demanda funcional y pueden necesitar abordajes más agresivos.
  • Calcificaciones (enfermedad de Pellegrini-Stieda): Secuela frecuente en lesiones no tratadas correctamente. Puede requerir infiltraciones o incluso cirugía.
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