Bursitis de cadera
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Introducción
El dolor en la cara externa de la cadera es uno de los motivos de consulta más frecuentes en pacientes de mediana edad, especialmente en mujeres. Buena parte de estos casos se deben a la conocida popularmente como bursitis de cadera o, con mayor precisión médica, al síndrome de dolor trocantéreo mayor, una entidad que casi siempre combina la inflamación de la bursa con una afectación asociada de los tendones glúteos.
1. ¿Qué es la bursitis de cadera y dónde se localiza?
La bursa trocantérea es una pequeña bolsa serosa situada entre el trocánter mayor del fémur y los tendones de los glúteos medio y menor, justo por debajo de la banda iliotibial. Su función es amortiguar el roce entre estas estructuras cuando la cadera se mueve. Cuando se irrita o inflama, hablamos de bursitis trocantérea, la causa más conocida —aunque no la única— del dolor en la cara externa de la cadera.
Hoy sabemos que la mayoría de los casos no son una simple inflamación aislada de la bursa, sino que forman parte de un cuadro más amplio, el síndrome de dolor trocantéreo mayor, en el que con frecuencia coexiste una tendinopatía o incluso un desgarro parcial de los tendones glúteos que se insertan en esa misma zona.
2. ¿Cuál es la función de la bursa y de los tendones glúteos en esta región?
La bursa actúa como un cojín deslizante que reduce la fricción entre el hueso y los tejidos blandos que pasan sobre él durante la marcha, la carrera o el subir escaleras. Los tendones de los glúteos medio y menor, por su parte, son los principales estabilizadores de la pelvis: se contraen en cada paso para evitar que la cadera contraria caiga, un mecanismo que se altera cuando existe dolor o debilidad en esta zona.
Por ello, cualquier alteración de esta unidad —bursa, tendones y banda iliotibial— repercute directamente en la calidad de la marcha y explica por qué el dolor trocantéreo suele acompañarse de cojera o sensación de inestabilidad.
3. ¿Cuáles son las causas más frecuentes de la bursitis de cadera?
La causa más habitual es la sobrecarga mecánica repetida: correr, caminar largas distancias, subir escaleras o permanecer mucho tiempo de pie. También influyen factores biomecánicos como la dismetría de piernas, la debilidad de los glúteos, una banda iliotibial excesivamente tensa o alteraciones de la pisada.
Otras causas frecuentes son los traumatismos directos sobre la cara externa de la cadera (caídas), el sobrepeso, la artrosis de cadera o rodilla, la cirugía previa de cadera (incluidas las prótesis) y, en menor medida, enfermedades inflamatorias sistémicas como la artritis reumatoide.
4. ¿Cuáles son los síntomas más habituales?
El síntoma principal es un dolor localizado en la cara externa de la cadera, que puede irradiarse hacia el muslo. Suele empeorar al tumbarse sobre el lado afectado, al subir escaleras, al levantarse de una silla baja o tras periodos prolongados de pie o caminando.
También es frecuente la sensación de rigidez matutina en la zona y, cuando existe afectación tendinosa asociada, una debilidad perceptible al separar la pierna hacia fuera o una leve cojera al caminar distancias largas.
5. ¿Cómo se diagnostica la bursitis de cadera?
El diagnóstico es fundamentalmente clínico: el médico palpa el trocánter mayor en busca de dolor selectivo y realiza maniobras que reproducen el dolor, como la abducción resistida de la cadera. Estos hallazgos, junto con la historia del paciente, suelen ser suficientes para orientar el diagnóstico.
Para confirmarlo y, sobre todo, para descartar una tendinopatía o un desgarro glúteo asociado, se recurre a la ecografía (rápida y accesible) o a la resonancia magnética, que ofrece el detalle más preciso del estado de la bursa, los tendones y la banda iliotibial.
6. ¿Qué tratamiento conservador existe para la bursitis de cadera?
En la gran mayoría de los casos el tratamiento es conservador y eficaz. Incluye modificación temporal de la actividad, antiinflamatorios para controlar el dolor y, sobre todo, fisioterapia orientada a fortalecer los glúteos, mejorar el control pélvico y estirar la banda iliotibial.
Cuando el dolor no mejora con estas medidas, puede recurrirse a infiltraciones de corticoides (con efecto rápido pero puntual) o de plasma rico en plaquetas (PRP), especialmente útiles si existe una tendinopatía glútea de base. Con este abordaje, la mayoría de los pacientes mejora de forma notable en pocos meses.